SENDERO 1

El reaparecido

Un pequeño murciélago endémico, dado por perdido durante casi veinte años, puso a prueba lo que sabíamos sobre conservar una especie. Todo empieza aquí.

Foto: @elmaurocardona

En el oriente de Antioquia, donde las montañas se vuelven piedra caliza y el bosque crece aferrado a la roca, vive un murciélago que el mundo llegó a dar por perdido. Se llama Saccopteryx antioquensis, un pequeño insectívoro endémico de Colombia, una de las apenas ocho especies de murciélagos que no habitan en ningún otro país. Y para Colombia, el segundo país del mundo en diversidad de murciélagos después de Indonesia, perder una especie propia sería perder algo irrepetible.

Todas las especies de su género llevan dos líneas blancas onduladas en la espalda. Esta no las tiene, y esa ausencia es su firma, la marca por la que se reconoce. Fue descubierto en 1996, a partir de dos ejemplares hallados por el biólogo Javier Muñoz, y descrito formalmente en 2001. Después, nada. Durante casi dos décadas desapareció de todo registro, hasta el punto de que llegó a pensarse extinto. Apenas se sabía que su área de distribución cabe en menos de 5.000 kilómetros cuadrados, y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza terminó clasificándolo En Peligro (EN).

Durante casi dos décadas desapareció de todo registro, hasta el punto de que llegó a pensarse extinto.

En el corredor kárstico donde habita existen más de noventa títulos mineros para extraer caliza y mármol, y donde la minería ya opera, el bosque se ha perdido o fragmentado y el agua se ha ido contaminado. A eso se suman la ganadería extensiva, la tala para abrir potreros y un turismo sin control. Dentro de las cuevas actúa además el miedo, para deshacerse de los murciélagos que se alimentan de sangre, algunas comunidades queman las colonias o ponen venenos, y en el intento caen todas las especies que comparten el refugio. Una especie que casi nadie había visto ya estaba, sin que nadie lo notara, contra las cuerdas.

Y entonces reapareció. En diciembre de 2020, la investigadora en bioacústica Leidy Laura López, junto con el profesor Sergio Solari del Grupo de Mastozoología de la Universidad de Antioquia, volvieron a encontrarlo al norte de Sonsón. La prueba de que era él fue, otra vez, esa ausencia, un individuo sin las dos líneas blancas.

Saccopteryx antioquensis, el día de su redescubrimiento. Foto: Leidy Laura López.

El redescubrimiento confirmó que la especie seguía viva, y dejó algo igual de valioso, su voz grabada, la huella sonora que años después permitiría rastrearla sin necesidad de verla. Para entonces, el corredor ya había intentado defenderse dos veces. En 2006, la autoridad ambiental de la región, Corantioquia, creó el Distrito Regional de Manejo Integrado del Cañón del Río Alicante para preservar un tramo del paisaje. Y en 2019 llegó una figura pensada justamente para estos animales, un AICOM, un Área de Importancia para la Conservación de los Murciélagos, otorgada por la Red Latinoamericana y del Caribe para la Conservación de los Murciélagos (RELCOM). Se llamó CoKOA, por el Corredor Kárstico del Oriente Antioqueño, y abarca diez municipios, unas 133.000 hectáreas y al menos sesenta y seis cuevas, refugio de cerca de cuarenta especies de murciélagos.

A pesar de las dos figuras de protección, el suelo seguía cambiando de manos y de uso, y el hábitat seguía cediendo. Proteger a esta especie pedía algo distinto, una estrategia nueva, capaz de sostenerse en el tiempo, no existía todavía. Alguien tendría que crearla, y ahí, entre esos bosques sobre la roca, empieza nuestra historia.