SENDERO 4
Conservar con la gente
Un paisaje solo se protege con la gente que vive en él y por eso el proyecto recorrió el corredor para construir esa cercanía y confianza con las comunidades.
Saber dónde vive la especie no basta si la gente que comparte ese paisaje no es parte de la decisión de protegerla. Un banco de hábitat se sostiene durante treinta años sobre la voluntad de conservar de quienes viven allí, y esa voluntad se construye conversando.
En paralelo a la investigación, el equipo recorrió el corredor para sentarse con la gente. Fueron talleres que impulsaron el compromiso comunitario con dinámicas participativas y reflexión ambiental, en 73 veredas y corregimientos, con más de trescientas personas a lo largo de todo el corredor. El modelo buscaba que las comunidades no solo protegieran la especie, sino que recibieran un beneficio por conservar su tierra durante décadas, y por eso las reuniones fueron sobre todo un espacio para escuchar sus necesidades. Esa escucha fue tejiendo la confianza sobre la que después se tomarían las decisiones más importantes.
Uno de los retos principales en cada taller fue la sensibilización alrededor de los murciélagos, porque hay poca información sobre su importancia y muchos mitos difundidos sobre ellos. La estrategia apuntó a la empatía, a que la gente se acercara a un mamífero que muchas veces se mira con distancia. La clave fue mostrarlo desde lo que nos hermana con él, también son madres, también salen cada día a buscar el sustento de los suyos.
El resultado se veía taller tras taller, en la gente que salía mirando a los murciélagos de otra manera. Ese cambio, de la distancia al cuidado, fue uno de los logros más importantes del proyecto y la prueba de que aquí la conservación se construyó con la gente.
Con la confianza sembrada, el proyecto tenía por fin el terreno humano listo. Ahora esa cercanía debía traducirse en decidir en qué lugar del corredor podía nacer el refugio.

